Son las diez de la noche.
De nada sirven los 600 gramos de felicidad
que han ahorrado a mi padre.
Prevalece una agitación de ladrones en el seno familiar
y cada quien declina
con su particular manera de desventuar la sangre.
Parece como si el movimiento fuera la bancarrota,
como si el amor fuera tan sólo cosas de adolescentes.
Mi padre nos quiere,
mi madre nos ama
porque hemos logrado ser una familia unida, amante de la
tranquilidad.
Pero ahora que son las diez de la noche,
ahora que como de costumbre nadie tiene nada que hacer
propongo cerrar puertas y ventanas
y abrir la llave del gas.
Ricardo Castillo
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2 comentarios:
Hola, no hay nada aqui
Excelente escrito amiga, de belleza simple pero gratificante construcción. Esperemos seguir leyendote.
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