Doy un grito, un portazo
no sé que soy ahora,
un animal hambriento de tus palabras,
de tus miradas.
Herida
de dudas
en un lugar y tiempo equivocados,
tratando de forzar tu corazón
- pájaro que explora y canta -
a quedarse acurrucado entre estas manos vacías.
No me reconozco más,
ni encuentro el camino de regreso.
Hoy siento como llega a sus últimos minutos
nuestro reloj de agua,
e intento prolongar una historia
que nunca fue posible.
1 comentario:
A veces deseamos tanto que ese pájaro jamás escape de nuestras manos, que lo único que hacemos es asfixiarlo. De hecho creo que es una historia muuuy frecuente. Como sea me parece más humano que aquella jalada de "dejalo ir, si regresa es tuyo, bla, bla, bla...
Abrazo querida.
Publicar un comentario