sábado, marzo 01, 2008

El día siguiente

I

Aún me miras

desde esa jaula de sábanas blancas
hermética y hermosa como el silencio,
tu silencio
tú: silencio

Sé que entre estos muros blancos y tú se libran muchas guerras
y a pesar de su violencia no habrá más que una última tregua

No quiero que te mueras, no lo quiero...
¡dame ahora otras cadenas para detenerte!
dame un cordón umbilical de hierro, resistente al tiempo
que me permita detener la mitad de corazón que estoy perdiendo

Como tú una parte de mí está agonizando
esa parte hecha de memoria y aves lastimadas


II

Mientras yo estaba en el violento monólogo,
que pensaba diálogo,
de los humanos con lo irresoluble
tú te fuiste
una llamada telefónica me indicó tu partida
- el mensaje sonaba como un pegaso al que le han roto las alas -


entonces lo irresoluble me dio una respuesta definitiva:
la muerte es una de las formas de la soledad

Mi corazón gritaba como un muchacho iracundo
que no puede recordar su nombre ni reconocerse en el espejo


III

La luna no estaba llena y llovía
era el fin de tu voz y de tus sueños

Llovías, sin estar estabas,
me mojé en tu lluvia última de vida y viejos dolores

Pero la luna no estaba llena como cuando tú solías mirarla
y no pudimos sostener la idea de que de pronto
aparecerías
con tu caminar cansado y una sonrisa
diciéndonos que nada había pasado


IV

Tenías que estar ahí
tuviste que haber estado ahí de alguna forma
pues siempre
donde estábamos estabas

Y dormimos, creyendo que al despertar confundiríamos realidad con sueño

Pero pronto llegaría el día siguiente

Mañana era sinónimo de un mundo desconocido e inhóspito
que habría de recorrer ya sola

Mañana era el día más odiado de los días.


V

Tú estabas muerta
pero yo seguía aquí en vida

Había nacido de ti nuevamente
me había desprendido
para dejar de ser parte de ti misma
había nacido otra vez cuando moriste
nos cortaron un cordón umbilical más fuerte

Pero hay lazos, mamá,
que no se rompen
ni con la muerte

Me había desprendido de ti como al nacer
tal vez
aún cerca
me estabas cuidando

Pero pronto llegaría el día siguiente
y todo habría cambiado

Hoy no quiero que exista mañana
hoy mañana es mentira


(Febrero, 1995)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Recuerdo haber leído antes este conmovedor poema, querida Lenha. Hoy día es aún más significativo y personal para mí su contenido. Como bien dices, la muerte es una de las formas de la soledad, lo es desde luego para los que no mueren. A veces pienso que toda interacción en esta vida es falsa y que en realidad nos encontramos enfrascados permanentemente en un monólogo eterno. Los amigos como tú, me contradicen de una manera muy grata: el diálogo, escasísimo y como sea, es posible.

Abrazo querida.

Anónimo dijo...

Muerte apartada,
escondida detrás de un cajón,
se aferra a las maderas y a las cartas,
muerte que espera que se abra un poco,
para salir y recordar el dolor empolvado
las lágrimas que celosamente ha guardado,
huesuda maraña de recuerdos,
deja verte una mañana sin miedo,
cuando me asome con algo de valor
sin la mano temblorosa y sabia
sabia de destinos
y te de la bienvenida en medio del mundo confuso
te comprenda blanca necesaria,
destino de los nacidos
y suspire a la vida



Abraham Granda